¡Sabes que eres padre cuando tu portabebés se convierte en la única forma de dormir a tu bebé!
Antes de empezar, ¿quién es papá Chouch?
Es un papá bloguero que adora proponer citas para todos los padres con sentido del humor y que comparte lo mejor de la web parental. ¡Nos explica su experiencia con el porteo!
¡Lo llevé por necesidad y luego por placer!
Jules tenía 4 meses cuando comenzó sus días con la niñera. Estaba triste por dejarlo por la mañana pero también muy feliz de poder ir a tomar un café, hacía tanto tiempo que ya no recordaba su sabor. Durante 3 años, lo llevé y fui a buscarlo cada día. Fue durante este período que me di cuenta de que tendría que cargar el cochecito por todas las escaleras del metro... y que eso no era nada factible. Así que tuve que encontrar una solución. El portabebés apareció como la más lógica y simple. Simple... Eso es lo que imaginaba antes de examinar los modelos y todas las posibilidades que se me ofrecían: fular de porteo, portabebés ergonómico o preformado, en el pecho o en la espalda. Más de 2000 posibilidades sin contar los numerosos colores. Después de reflexionar y considerar las diferentes opiniones (que a veces son cortantes como los nuevos dientes de tu hijo que te mordisquean los dedos), opté por el PhysioCarrier. 
Los fulares de porteo me tentaban bastante pero como tengo dificultades para atarme los cordones de los zapatos, me dije que no era sensato. ¡El portabebés era entonces una buena opción para mí como principiante! Comencé a llevarlo todos los días durante los 40 minutos de caminata diaria. Esto nos permitió construir una bonita relación padre-hijo. Le hablaba en cada paseo, explicándole mi día, preguntándole si el suyo había ido bien. Tomaba un "Bu" como una respuesta positiva aunque en realidad no tenía ni idea. Luego lo llevé mucho más y no solo para ir a casa de la niñera. Por supuesto, comencé a llevarlo menos cuando empezó a caminar, lo que ocurrió a los 13 meses. Continuaba en los trayectos diarios pero como padres, ¡estamos tan orgullosos de verlo caminar! 
En una palabra, adoré este período en el que conversábamos, en el que saltaba para hacerlo reír, en el que le mostraba las hojas de los árboles. Lo que más me gustó fue cuando paseábamos, mi esposa y yo con el portabebés, cuando la gente nos miraba con ternura... Sobre todo cuando ven a un hombre llevando a su bebé... bueno, ahí es probablemente porque con mi complexión pensaban ver a un canguro. Un beso a todos. Papá Chouch